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THE FALL: ESPERANDO AL RESURGIMIENTO (AÚN)

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[xrr rating=5.7/10]

“Re-Mit” (2013)

Tendremos que empezar diciendo que, a pesar de los últimos patinazos del grupo, léase “Ersatz G.B.”, el que escribe sigue teniendo fe en que The Fall aún pueden volver a presentar discos realmente como aquellos ya lejanos “Levitate” o “The Marshall suite” de finales de los 90. Parece que este nuevo siglo no les está sentando tan bien, aunque hay excepciones, como “Reformation Post T.L.C.”. Pero, la verdad, es que este “Re-Mit” no va a ser el que nos devuelve a la mejor versión de la banda.

De inicio tenemos un instrumental rockabilly que nos anima con un buen inicio, de ahí pasamos al himno cervecero de “Sir William Wray” que continúa en una línea positiva. Pero de ahí llegamos a ese tipo de temas espesos y poco apetecibles en los que tiende a perderse el grupo en los últimos tiempos: “Kinder of spine”. Y de ahí sigue una amalgama de canciones aburridas, junto con los juegos sonoros marca de la casa, mediante diferentes grabaciones y los exabruptos vocales de Mark E. Smith.

La segunda parte del disco se inicia con un tema que vuelve con la rutina rockabilly que se ha instalado en esta última formación de The Fall y que ya va por su tercer disco, lo cual para un combo como este ya es mucho. Lo que sucede es que dentro de los miles de discos de The Fall esta no es la alineación que mejor acompaña y arropa al señor Smith. A pesar de ello, parece que a este último se le ve en forma y con ganas de seguir haciendo discos. Señal de ello es lo en forma que se le ve en unas de las mejores canciones del álbum: “Victrola Time”, una especie de techno-rock con grititos en falsete provenientes del incansable Smith, y “Jetplane”. Además, se acuerda del señor James Murphy en “Irish”, y no precisamente de forma positiva.

A pesar de la respuesta pauloviana de goce que nos provoca a los fans de The Fall la voz de Smith, no se puede negar que no es ni su trabajo más inspirado ni que se abusa del tópico rockabilly de los últimos años. Ojala que sigan la línea de la última canción “Loadstones” más guiada por el teclado de Eleni Poulou y con mayor interés sonoro que la mitad del álbum.

Si se han fijado, casi se puede decir que de unas 12 canciones se destacan 4. Así uno no puede seguir siendo fan incondicional. Lo mejor de todo es que se diga lo que se diga, a Mark E. Smith no le importa lo que piense y a mi tampoco lo que él piense de esta crítica. Eso es The Fall.

 Texto: Víctor M. Paredes

VAMPIRE WEEKEND: CONSOLIDÁNDOSE ENTRE LOS GRANDES

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[xrr rating=9/10]

“Modern vampires of the city” (2013)

Y llegó el tercer disco de Vampire Weekend y ya se puede decir: estos tipo son grandes. Por fin, se acaban de sacudir la etiqueta de chavales pijos de New York para convertirse en el grupo de referencia que se adivinaba desde su primer álbum, hace sólo 5 años. Quizás se puede echar de menos su querencia hacia los ritmos saltarines, pero han ganado en profundidad emocional.

Una de las claves del disco, seguramente sea la mayor coordinación entre los dos supuestos líderes del grupo, Ezra Koenig y Rostam Batmanglij (el gurú del sonido). Te podrán gustar más o menos, ya que siempre ha habido división respecto al grupo, pero hay que reconocer que sus composiciones son fuera de lo común. Pero, como decíamos, la coordinación entre Koenig y Batmanglij se percibe en el ajuste asombroso entre música y voz a lo largo del disco, incluso convirtiendo la segunda en un instrumento más, modificándola o a través de la inclusión en el fondo sonoro de unos coros femeninos a lo largo del disco y que dan casi la sensación de una misa clásica. Y esto de misa ¿Quiere decir que se han vuelto unos pesados pretenciosos? Pues no, resulta que equilibran cierto clasicismo con los temas más rápidos y bailables de otras ocasiones, pero con un enfoque diferente tanto en el sonido como en la producción y una preocupación hacia otros temas, como puede ser la muerte y el paso del tiempo.

Nos ofrecen temas que tienen un tempo habitual en ellos y que nos dan una versión diferente sobre cómo pueden hacer sus propias canciones, como pueden ser “Unbelievers” o la ecelerada “Diane Young”. Pero mezclan estos temas con otros más lentos, oscuros, como pueden ser una de las cimas del disco: “Hudson”. Por en medio, nos ofrecen melodías como la de “Everlasting arms”, los toques de sampler de “Obvious bicycle”, “Don´t lie” o “Step”. Y todo acaba con el clasicismo de “Young lion”.

Este es un disco que crece con las escuchas, que nos permite ver la cantidad de recursos que tienen: clavicémbalo, piano, sampler, arreglos de cuerda, coros, y demás (por cierto, que las guitarras quedan cada vez más arrinconadas). Sólo nos queda, tras maravillarnos de su evolución, disfrutar de las melodías, ritmos y demás de este álbum. Porque ellos ya han hecho su parte, ahora nos toca a nosotros el reconocerles el trabajo, el esfuerzo, y el resultado de su actual evolución hacia una voz definitivamente propia.

Texto: Víctor M. Paredes

ÉL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO: MÁS VALE TARDE QUE NUNCA

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[xrr rating=6/10]

“La dinastía Scorpio” (2012)

Pues como reza el título, el asunto es que en estos lares hemos podido descubrir a este grupo argentino, concretamente de La Plata. Y más que nada porque este disco es del año pasado, pero se ha publicado aquí con bastante retraso. Pero por lo menos sirve para iluminar la muy poco conocida escena independiente del país sudamericano.

Lo primero que hay que decir es que unos tipos que se hacen llamar Santiago Motorizado, Doctora Muerte, Pantro Puto, Niño Elefante y Chatrán Chatrán, por lo menos sentido del humor tienen. Pero más allá de eso también tienen un sentido melódico apreciable. Músicalmente se podría decir que son un grupo de noise pop con una gran predilección por adornar sus temas con teclados. En general sus temas son disfrutables, especialmente cuando se escoran hacia canciones más energéticas y de melodías altamente pegajosas a las neuronas, como es el caso de “Mujeres bellas y fuertes”, “Yoni B” y “La cara en el asfalto”. Sus otras caras, tirando igualmente de teclados notables, tiran de melancolía, tonos algo más atmosféricos. El pero podría ser que abusan algo de los medios tiempos cuando destacan, como ya se ha dicho en temas más “trotones”. Aunque también sepan construir los temas poco a poco, como es el caso de la canción que cierra el álbum, “El fuego que hemos construido”.

La verdad es que es un buen aperitivo que invita tanto a escuchar sus próximas entregas, como a sumergirse en la escena argentina. Y si no, seguimos teniendo este agradable pasatiempo.

Texto: Víctor M. Paredes

THE MEN:…Y SE HIZO EL ROCK

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[xrr rating=6.6/10]

“New Moon” (2013)

Vuelven The Men a la palestra y, para no cambiar la costumbre toca hablar de un nuevo giro en su rápida evolución sonora. A estos chicos parece gustarles poco el quedarse en un mismo sitio y siguen de viaje por el territorio rock. Pero si en su anterior “Open your heart” se dedicaban a explorar diferentes vertientes del mismo, desde el country hasta el krautrock, ahora su campo de acción se ha reducido a las diferentes vertientes de un rock más anclado en los setenta.

Mark Perro y compañía nos entregan un nuevo lote de canciones que descoloca por el nuevo cambio de sonido. Su base de operaciones más clásicamente rock hasta ahora les muestra tocando armónicas, órganos, piano, y lap-steel. De hecho, la primera canción que nos encontramos es la convenientemente llamada “Open the door”, que nos recibe en tono acústico y en clave country. Quizás el hecho de haber grabado el disco en una cabaña en las montañas tenga algo que ver en el tono del disco, como en el sonido destartalado de “The seeds”, o en el instrumental “High and lonesome”. De todas formas, aún les va lo de desmelenarse y demostrar que son buenos e intensos guitarristas. Por ejemplo, “Electric” es uno de esos temas que te pasa por encima. Un salvajada que empieza con el machete en la boca y no hace prisioneros. Y se encuentra entre “The brass” y “I see no one”, otros temas a piñón fijo, con un bajo potente que lidera el tema. Pero estas chispas de, dijéramos, espíritu punk se diluyen dentro del clasicismo de “Without a face”, el órgano y los coros de “Bird Song”, o el rock al estilo Crazy Horse de “I saw her face”. Y, para acabar, una especie de bacanal guitarrera de más de siete minutos en la que intentan acumular solos y riffs a la vez que se muestran más setenteros que nunca en la desafortunadamente llamada “Supermoon”.

Por todo ello, nos encontramos con un disco más que aceptable, con momentos disfrutables, pero que aleja a los The Men que conocíamos hasta ahora y nos trae a una banda que parece sentirse a gusto en el tradicionalismo rock. De todas formas, siendo ellos, habrá que esperar al próximo álbum a ver por dónde andan en su viaje particular.

Texto: Víctor M. Paredes

LOW: EL TRUCO DE SACAR ORO DE LA NADA

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[xrr rating=7/10]

“The invisible way” (2013)

Lo que llevan haciendo Low desde hace más de una década consiste en, como reza el título, conseguir transmitir de una manera asombrosa una serie de emociones a partir de una serie de elementos que uno está tentado de considerar casi inexistentes. Es un truco considerable si hablamos de un sub-género como es el slowcore, limitado en una estética bella pero rígida. Y además, el asunto tiene más miga si pensamos en que parecen haber explorado todas las posibilidades habidas y por haber de la música que casi no existe. El silencio, la calma, el gesto medido pero justo, han sido sus armas y, como no, lo siguen siendo en esta ocasión.

Se abre el disco con una canción, “Plastic cup”, que es típica suya, lo cual nos sitúa muy rápido pero deja un gusto a ya conocido y ya escuchado. Pero según se va avanzando en la escucha, se observa que hay más tendencia hacia lo acústico que en otros discos anteriores. Continúan las voces cristalinas y los ritmos tristes, pero dentro de un ámbito abierto y directo, claro, que los hace sonar muy cercanos e intensos, a pesar de algunos momentos que suenen ligeramente a rutina, como “Four score”. En esta ocasión, por cierto, el productor estrella es Jeff Tweedy, de Wilco.

Se ha de tener en cuenta la mayor presencia en la composición y las voces de Mini Parker en relación a otros discos. Y su batería básica, primal y oscura es una de las claves del disco, como se puede apreciar en el final marcial de “Clarence White”, una canción, por lo demás justita. Pero vayamos a los puntos fuertes: el temazo con deje pop que es “Just make it stop”, con su sensibilidad a flor de piel; el ligero crescendo de “So blue”, con ese piano empujando el tema, o el final acertado de “To our knees”.

El momento pesado de la repetición plomiza de “On my own” se les perdona por ser ellos y porque nos siguen ofreciendo gemas que escucharemos dentro de unos añitos. Quizás se les empiezan a notar las arrugas pero siguen sonando como una banda con ganas, que acepta seguir avanzando y no acomodarse demasiado, manteniendo tanto el encanto de sus juegos de voces como la amenaza que se intuye tras sus temas. Y eso ya es mucho.

Texto: Víctor M. Paredes

MY BLOODY VALENTINE: LA EXPECTATIVA Y EL HECHO

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[xrr rating=8/10]

“m b v” (2013)

Un hecho que no se pueda evitar al hablar de este disco es lo mucho que lo estábamos esperando. Hace más de 20 años que apareció “Loveless” en nuestras vidas. Y eso es mucho decir, porque es uno de esos discos que se queda ahí, acompañando el deambular vital. Muchas críticas se quedan ahí, pero justo en este punto empieza lo importante porque… ¿Quién no había imaginado cómo sonaría este disco? Es decir, el principal enemigo de este disco es el que cada uno teníamos en nuestra cabeza, generado a su vez por el modelo original: “Loveless”. La cosa no es que se quisiera otro igual, pero si uno era increíble en su momento, pues claro, habrá que imaginar cosas increíbles. Y nos olvidamos que romper la baraja una vez es difícil, romperla dos seguro que es demasiado.

Hay que decirlo, al escuchar el disco hay que afrontar la decepción de nuestra expectativa particular. No deslumbra, principalmente porque no lo busca y porque es un disco bastante oscuro, en algunos momentos hermético, pero ¿qué puedes esperar de Kevin Shields? Es el tipo que inventó una nueva manera de hacer ruido con una guitarra (y el estudio de grabación, dejemos de subestimar su capacidad como ingeniero de sonido), así que seguro que está acostumbrado a ir por caminos que no son esperados por los demás.

El disco en sí, el que ha acabado siendo de todos los posibles, es bueno, suena muy, pero que muy bien y contiene la marca de fábrica de My Bloody Valentine: guitarras líquidas que se retuercen, voces soterradas, etc. Pero vayamos al disco siguiendo las canciones: la inicial “She found now” se nos ofrece como una canción perfecta para días lluviosos, de hecho su sonido se podría definir como “lluvioso”, y llama la atención por lo planeadora que resulta. La siguiente, “Only tomorrow” seguramente es una de las mejores del disco, marca distancia con un sonido potente y más directo, así como mostrando un ritmo de batería poco habitual en el grupo, menos lineal que de costumbre. Pero se acaba haciendo un poco larga. De ahí llegamos a “Who sees you”. Como nunca se entienden las letras no se sabe quién mira, pero lo que sí se sabe es que te muestran el precioso ruido que saben hacer y lo únicos que son. Un gran ejercicio de estilo que entronca con “Loveless”. Entonces llega “Is this and yes” y nos sorprende por la ausencia de ruido, de hecho ni suenan guitarras, y decimos que es una innovación, que es nuevo. Pero no, es sorpresa en ellos, puesto que  canciones así hay muchas y esta puede resultar a veces intrigante a veces insulsa, y perdón por el epíteto. Pasamos a “If I am”, en la que destacan unos teclados con aire a Stereolab y un toque algo psicodélico. “New you” es otro ejemplo de nuevos aires para la banda, ya que tampoco hay asomo de ruido ni distorsión y despachan una canción pop de bella factura que, si quisieran, sería un buen single. A continuación, se abre la caja de las sorpresas con “In another way”, cuyo título describe bien el contenido: un ritmo que revitaliza su capacidad sónica, e interés por la aportación de la percusión al sonido global de la canción. Quizás, sea, en mi opinión, el tema del disco junto a la última del lote, “Wonder 2” donde impresionan con la aplicación de su sonido estilo “turbina de motor de avión” de una forma nueva. Entre estas dos canciones se encuentra el instrumental “Nothing is” del cual con el título está todo dicho.

Nos hemos encontrado con unos viejos amigos, unos que ya no creíamos en serio que nos volviéramos a encontrar, pero mira, ahí están. Igual consiguen sacar incluso más discos, no sé. De momento, su vuelta a los estudios de grabación nos deja un disco notable, aunque a cierta distancia de sus entregas precedentes.

 

Texto: Víctor M. Paredes

ICEAGE: ALGO HUELE A PUNK EN DINAMARCA

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[xrr rating=7.5/10]

“You´re Nothing” (2013)

Los chavales paliduchos y casi imberbes que hace un par de años se despacharon uno de los discos del año, “New Brigade”, se han hecho un poco más mayores y vuelven para dejar claro que lo suyo es muy serio. Y oscuro, y violento, y punk. Por que esto último es lo suyo. Lo pueden disfrazar de post-punk a ratos si quieren pero escuchar los gritos de Elias Bender Ronnenfelt deja claro que lo suyo es actitud punk y lo demás detalles sin importancia.

“You´re Nothing” nos muestra un grupo que se consolida, que mejora el sonido, con una producción que les hace sonar más contundentes (por cierto, es autoproducido) y que consigue que el conjunto sea seguramente más sólido que el anterior, a pesar de que quizás se observe algo menos de brillo en los temas individualmente. Pero una muestra de la continuidad de su modus operandi es la duración del disco: “New Brigade” contenía 12 temas en algo más de 26 minutos. El disco que nos ocupa contiene 12 temas en poco más de 28. Es decir, no se han perdido en extrañas búsquedas de su “sonido” o han tratado de reinventarse a las primeras de cambio. Parece que tienen claro lo que quieren hacer.

“You´re nothing” se abre con “Ecstasy” (el vídeo lo podéis ver en YouTube), canción que impacta por el aparente cambio, ya que se observa más caos en la música y cierto deje cold wave, así como la rapidez del hardcore. Esta sensación pasa cuando nos encontramos con “Coalition” primer trallazo punk del disco. Una muy buena canción con dejes a Sonic Youth en la deriva de las guitarras. Y en esta dinámica parece estar un poco el disco: entre las sorpresas y las canciones que siguen más estrictamente la línea de su anterior álbum. Entre las primeras está el instrumental “Interlude”, de tintes entre industriales y ambientales, pero su frialdad no evita que sugiera amenaza. Otro punto a destacar es “Morals”, un tema que incluye piano, cambios de tempo y un ritmo marcial sobre el que el grupo se despacha a gusto y nos ofrecen una canción para el recuerdo. Hasta ahí las, digamos, “novedades” importantes. Por el lado de mayor continuidad destacan temas como “Burning hand” con su dinámica de crescendo, parada y volver a empezar, y su textura abrasiva. También es de destacar “In haze”, algo más melódica y absolutamente instantánea.

La segunda mitad del disco se vuelve algo más uniforme, con una sucesión de canciones en las que se da un patrón parecido y un sonido que va de lo directamente furibundo a lo crispado que nos tienen acostumbrados, y con menos momentos destacados hasta las dos últimas canciones: “Awake”, con un deje más pop, y “You´re Nothing”, donde explota todo el nihilismo de un grupo más oscuro y negro que la misma noche.

Texto: Víctor. M. Paredes

SYBERIA: DIBUJANDO UN FUTURO

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[xrr rating=8.5/10]

Tras varias reproducciones de “Drawing a Future” uno puede llegar a la conclusión de que etiquetar este grupo en un estilo sería bastante imprudente porque que si algo tiene es precisamente muchos matices que lo convierten en un espécimen interesante dentro del metal progresivo o post-metal.

SYBERIA, con su estilo atmosférico, se presenta en la escena musical con su primer disco “Drawing a future”. Lleno de fuerza y con una notable orquestación del sonido, hacen de este buen trabajo una mezcla desgarradora de pasajes atmosféricos, acompañados con unas guitarras melódicas con reverberación, unas guitarras rítmicas contundentes, unos bajos que van marcando un ritmo musculoso y una batería muy completa. Todo en perfecta comunión evoca la sobriedad, el misterio y la potencia. Quizás a algunos les puede recordar a un estilo de sus contemporáneos Toundra, Explosions in the Sky, Caspian o Russian Circles. Salvando las distancias y los matices mencionados, éstos son los que diferencian notablemente unos grupos de otros dentro de una nueva oleada de estilos (que no se marcan precisamente por las convencionalidades del mercado musical) cuya naturaleza es la de la experimentación y no la del estancamiento. Siempre es de agradecer poner en crítica trabajos de este tipo.

El disco va bailando con los ritmos. Siempre os encontrareis temas potentes uno detrás de otro y la variación os la encontrareis en los intermedios, con súbitos contrapuntos y estrofas más lentas de estilo “acústico”, con guitarras melódicas que se arrastran a modo de coro y una importante batería metiendo caña.

Quizás eché de menos un poco más de repertorio en el estilo de los temas. Quizás algún tema solo acústico en medio de ese vendaval sonoro para “reponer fuerzas”.

El aspecto gráfico de su cubierta es muy atractivo y marca muy bien el carácter de la música que posee el disco. Toques psicodélicos, representaciones animales y diferentes simbolismos, con geometrías que intentan conectar con los elementos. Un buen disco por dentro y por fuera.

Si algo que sospechamos es que debe valer la pena oírlos en directo por su contundencia y envolvencia sonora. Así que esperamos verlos el próximo 22 de octubre en la Sala Sidecar entrando en materia y desearles -aunque ya tienen experiencia con otros proyectos- que les vaya genial con SYBERIA.

Aquí dejamos el link de su Bandcamp para oír el disco:

http://syberia.bandcamp.com/album/drawing-a-future

THE WALKMEN: SI NO LOS AMAS YA, LO HARÁS

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The Walkmen “Heaven”(2012)

[xrr rating=8.2/10]

La verdad es que una vez te dicen “tú vas a hacer la crítica del nuevo disco de The Walkmen” te animas. Entonces lo escuchas y comienzas a tener un problema: el disco es muy bueno, pero realmente hay que ponérselo y vivirlo para poder entender la sensación de placidez que transmite. O sea, difícil tarea.

Todo el álbum se puede describir como “soleado” o “luminoso” y comenzar a decir que los tipos al fin son felices a pesar de lo problemas y demás. Pero, de verdad, todo se queda corto ante lo que transmite el disco. Comienza con una guitarra acústica en la creciente “We can´t be beat” y eso ya es un cambio. Ya dejaron la electricidad descarnada a las alturas de You &Me (2008) pero a tanto no llegaban. Continúan con un sonido clásico y bastante claro, pero con más brío que en el anterior Lisbon (2010). Y esta dinámica genera, por ejemplo, tres canciones para no olvidar: “Love is luck”, la tremenda “Heartbreaker” con ese intermedio fantástico, y, especialmente, una canción que tranquilamente puede ser uno de los singles del año, “Heaven”. Por en medio nos encontramos con canciones escritas para la hija del cantante de la banda, Hamilton Leithauser, “Song for Leigh” o “The witch” con ese órgano que amplía la canción, la épica de “Nightingales”, y la energía de “The love you love”. Todo ello para llevarnos al relajado final de “No one ever sleeps” y “Dreamboat”.

En el disco están los Walkmen de siempre, pero son otros. No parecen tristes ni cabreados. Los chicos de Leithauser (que voz tiene este hombre, de verdad) están contentos, son padres, disfrutan con lo que hacen y nosotros sólo podemos agradecerles que su tendencia al clasicismo esté dando frutos cada vez mejores. Porque si haces algo muy bien no hace falta que te dediques a inventar. Y, en parte, eso también es madurar ¿no?

Bueno, la crítica está casi acabada y a pesar de las descripciones que se hagan o se insinúen o las imágenes que el modesto escriba trate de avocar, este es un disco que hay que escuchar, que hay que vivir, y disfrutar de la sonrisa que te pone en la cara.

Texto: Víctor M. Paredes

ELIANE ELIAS. DESATANDO NUDOS

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[xrr rating=8.5/10]

“La bossa nova puede atarte demasiado”, explicaba la artista brasileña en una entrevista a los medios. Y es que en éste, su último trabajo, la vocalista-pianista de Sao Paulo intenta desatar muchos de los nudos que la han acompañado a lo largo de su carrera. Lazos que la han hecho crecer como artista, para erigirse como uno de los estandartes de la escena jazzística internacional.

 A modo de cuarteto, Eliane presenta ‘Light My Fire’ como una oda a la elegancia. Su voz no necesita de grandes recursos técnicos ni rango vocal para contarnos con absoluta solvencia cada una de las 12 historias que conforman el disco. Eliane acaricia con su voz cada una de las notas que vocaliza, embriagando el espacio musical de una sensación melancólica pero esperanzadora, elegante pero vitalista. Puede que no sea nada que no supiéramos, pero en esta ocasión hay una gran diferencia. Eliane marca distancia con el jazz mas ortodoxo de anteriores trabajos, como ‘Something for you’ – valiente homenaje a Bill Evans – , para acercarse a la música pop brasilera e internacional.

 El exquisito cuarteto, conjunción de experiencia y juventud, da forma a excelentes arreglos con pasmosa elocuencia. Marc Jonshon al contrabajo saca a relucir sus galones para crear una perfecta transición de la base rítmica de Rafael Barata, con la armonía del piano y la guitarra de Eliane y Rubens de LaCorte. Como resultado, tenemos un sonido elegante y sólido, que recuerda al impecable engranaje de un reloj suizo.

 Clásicos como ‘Rosa Morena’ o ‘Isto Aqui O Que É’ se empapan de la personalidad que Eliane les imprime. Composiciones que respiran y reviven bajo las improvisaciones a piano de la diva de Sao Paulo. Y es que el piano de Eliane emociona con cada una de las energéticas y vitalistas frases que interpreta. Parece que la madurez de la Paulista le otorga una contención y criterio que quizás, y solo quizás, en algún que otro de sus anteriores trabajos cojeaba. Eliane también se atreve con clásicos del pop como ‘Light My fire’ de The Doors, o ‘My Cherie amour’ de Wonder, sin llegar a calar tanto como en su parcela brasilera, pero sí dándole un sano toque heterodoxo a la sonoridad del álbum.

 Y si algún ingrediente le faltaba a esta sabrosa ensalada, es el de la voz del maestro Gilberto Gil, que colabora en tres canciones imprimiendo la alegría y magia brasilera que siempre atesora. La colaboración del mítico compositor y cantante de Salvador de Bahía no hace mas que redondear un disco que ya de por sí es una obra muy completa. Disco muy apetecible de degustar a fuego lento y de forma relajada, como se degusta un buen Oporto al atardecer en cualquier bonita playa, con la música de Eliane Elias sonando de fondo, cómo no…

Texto: Alex Pérez Medina

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