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A PRIMERA FILA - page 29

Canela Party 2011

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Party significa Fiesta y aunque el Canela sea un festival de música es, principalmente, eso, una fiesta. Una fiesta que tuvo este año como piedra angular a Joan Colomo, desde mi punto de vista, paradigma del festival. Acertada elección por parte de los organizadores; el barcelonés supo captar desde el inicio el sabor auténtico de la Canelada Malagueña.
Vayamos por partes y pongámonos en situación. El Canela Party es un “festival de música” -entrecomillado, sí- y es una fiesta de disfraces; aunque siendo más certeros, me atrevería a decir que es una macrofiesta disfrazada de festival musical. Se celebra en Málaga, el primer fin de semana de agosto, una primera noche con actuaciones gratuitas en el kiosco Los Paragüitas y una segunda en la Sala Eventual, ya disfrazados y sumergidos en ese ambiente que resume la expresión “canela fina”. Hasta aquí lo puramente formal. Después… el desmadre.
Entre lo formal y el desmadre aún tendrán que pasar ciertas cosas. Los asistentes se esmerarán en crear disfraces potentes y llamativos, con el objetivo principal de divertirse, pero sin renegar a la posibilidad de conseguir uno de los premios; este año el grupal recayó en un grupo de chicas vestidas de vírgenes, con sus palios y fantásticamente ataviadas y escenificadas, impagable su “¡¡Arriba con ella!!”.
Vale, vale. Me centro.
Viernes, 5 de agosto de 2011. Kiosco “Los Paragüitas”. Área recreativa de niños, ya saben… casita de madera con puentes y toboganes y suelo de caucho homologado. Se abre el Canela con la actuación de Me and The Bees, frescura pop-folk para amainar el calor que el terral malagueño nos tenía metido en el cuerpo, la voz de Esther Margarit transmite descaro y simpatía, y se deja ver -junto al resto del grupo-, especialmente, en el tema corto “Aaah”. Precioso aperitivo para recibir al todopoderoso Joan Colomo. ¿Cómo un sólo hombre y una pedalera pueden armar semejante sarao? Explosiones incluidas. Nada fue jodidamente relativo. Vimos, escuchamos, cantamos, bailamos y reímos, del catalán al castellano, sin artificio, cantado del derecho y del revés, carcajada tras carcajada. Como ese pájaro que vuela directo el sur en “L’ocell”, así llegó Joan, sin temer nada, se mostró tal y como se esperaba. Abrió el Canela Party a lo bestia.
Sábado, 6 de agosto de 2011. Sala Eventual. ¿Dónde se celebra el Festival? ¿Fuera o dentro? Un polígono industrial desierto revive esa noche seres de todo tipo. Los alrededores prometen y algún organizador decide pasearse entre los disfraces invitando a pasar al interior. ¡La fiesta está a punto de comenzar! ¿Qué sucederá dentro? Se resume rápido: una auténtica locura. Algo me llama especialmente la atención. Estamos muy acostumbrados a ver conciertos con cientos de móviles tapándonos la visión. Pues bien, en el Canela esto no ocurre; simplemente, porque lo más probable es que pierdas el móvil. Hay que ir dispuesto a entregarse en cuerpo y alma. Antes de que tu disfraz y tú mismo sufras secuelas, hay que pasar por el “photocall”, momento esperado de la noche, sonrisas por doquier, hace falta muy poco para sentirse una auténtica estrella. Lo que viene después es pura diversión. Sería poco respetuoso decir que la música es lo de menos, pero es así, la fiesta prima y así lo entienden cada uno de los grupos que suben al escenario -también disfrazados-. Rock, punk, guitarras desbocadas y ruido, mucho ruido. Los valencianos Betunizer, contudentes, abrieron la noche; el trío madrileño Nothink enchufó al público con su directo de rock americano; Margarita nos presentó su último trabajo, “Explota el cuerpo”, con tintes pop, pero sin perder la esencia punk; La Célula Durmiente del inventor de inventos Joan Colomo, genio y figura, recordaron a los Pixies por su talento y personalidad. A esas alturas de la noche el Canela era ya un acto chamánico, un puro trance que recibió a Los Tiki Phatoms con las energías diezmadas, pero con un público que tardó poco en entregarse al ritmo de surf and roll instrumental de esta banda de elegantes cadáveres. El resto es historia. Cada cual contará lo que le interese.
Me pregunto cómo hubiera sido un Canela Party a finales de los 70… y sobre el escenario The Clash, Sex Pistols o Joy Division…
Enhorabuena a los chicos del Colectivo Culoactivo Canela. El año que viene otra fiestaca, cargada de buen rollo. Sin duda, el festival más divertido del panorama nacional.

DISCO 2011. Pulp resucita al britpop

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Muchos son los que han tenido que esperar años para volver a ver (o ver por vez primera) a este mito del Britpop acompañado de su antigua banda, reunidos otra vez.

Y lo cierto es que más de uno compró la entrada pensando en ellos, por lo cual la expectativa era ya muy alta. Tan alta que más de una hora antes de la cita la gente ya se situaba alrededor del escenario San Miguel para disfrutar lo más cerca posible de uno de los conciertos del año.

Se encendieron uno a uno los neones con las letras P-U-L-P, y el público ya estallaba a gritos. Y entonces apareció el padrino de bodas, entonando las primeras notas de ‘Do you remember the first time?’, suficientes para que asaltara la euforia colectiva. Allí estaba de nuevo llenando el recinto del Fòrum con sus gestos y sus bailes inimitables Jarvis Cocker, para el cual no pasan los años cuando se trata de subirse a un escenario. Es un showman de pies a cabeza, y aunque su físico no ocupe mucho espacio, llena el escenario y tiene una presencia como pocos artistas. Él y su banda desempolvaron sobretodo temas del considerado por la crítica uno de sus mejores discos,‘Different Class’ (1995): ‘Pencil Skirt’, ‘Something Changed’, ‘Sorted For E’s and Wizz’. ‘Disco 2000’ protagonizó uno de los grandes momentos del concierto, donde la frase ‘let’s all meet up in the year 2000’ se convirtió en el santo y seña que hermanó a la gran masa de asistentes que se presentó a la cita. Aunque fuera diez años más tarde, valió la pena la espera. La cámara de mano que usó Jarvis Cocker en ‘I spy’ se convirtió en la principal testigo de petición de matrimonio entre una chico del público a su pareja, con una futura novia a la que se le escapaban las lágrimas al ver como Jarvis Cocker se convertía en el maestro de ceremonias.

‘His’n’Hers’ (1994), el primer disco que les dio acogida internacional, sacó la cabeza con ‘Babies’, y su último trabajo ‘This is hardcore’ despuntó con su tema homónimo.

También hubo lugar para una dedicatoria a los acampados de Plaza Catalunya con el famosísimo y versionado tema ‘Common People’ que encendió el romanticismo a un público, que indignado o no, sintió a Jarvis como parte de su lucha diaria.

Y por si no hubo bastante llegó el tema Razzmatazz, que da nombre a la emblemática sala de conciertos de Pueblo Nuevo, y a la que en más de una ocasión hemos podido ver a Jarvis Cocker pinchando discos y bebiéndose una copa. Himno tras himno y llegó el inevitable final. Las luces de neón se apagaron y sentimos una punzada pensando que sería muy difícil volver a ver aquello.

Gracias por ser la banda sonora de muchos momentos de nuestras vidas. Gracias por hacernos recordar de nuevo esa primera vez.

Texto: Tatiana Moret Ruz

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