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A PRIMERA FILA - page 28

The Horrors: del garage a la post-modernitat

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Quina relació hi ha entre el compositor Richard Wagner i una banda de joves anglesos del segle XXI amb una pinta que oscil·la desordenadament entre gòtica, emo i post-rocker? Doncs que per connectar amb The Horrors el primer que hem de fer és seguir les indicacions que el geni alemany va introduir amb el seu concepte d’ “art total”: abandonar les limitacions dels gèneres, obrir la ment i endinsar-nos de ple en una atmosfera ambigua però meravellosament suggerent.

El que vull dir és que no cal perdre el temps en intentar determinar si el so de The Horrors s’acosta més al new age dels 80 o als foscos Joy Division; si tenen tics post-punk o imiten el rock progressiu dels Mogwai. El què els seus incondicionals ens vam trobar dijous passat a Razz 2 va ser un grup de joves amb aire de torturats per la vida i amb un munt de referències musicals sota el braç, però que en el fons sabien el què volien. I és que els The Horrors tampoc van néixer ahir: un encara molt verd ‘Strange House’ (2007) – garage groller i teen – va deixar pas al que fou un dels millors discos de l’any al Regne Unit, ‘Primary Colours’ (2009), nominat als premis Mercury, un termòmetre imprescindible que mesura la qualitat d’allò que es cou al Regne Unit i a Irlanda. Amb ‘Still Life’ (2011), produït per un monstre com Craig Silvey (Arcade Fire, Portishead, Pearl Jam), sembla que per fi s’han consolidat com un dels grups més sòlids i atractius de l’escena indie britànica del moment.

En el cara a cara de dijous a Barcelona, un començament fred, amb molta pose però poc contingut, ens va fer témer el pitjor: seran els The Horrors un altre d’aquells grups d’àlbums potents però directes descafeïnats? Que els hagi produït el pare de ‘The Suburbs’  (2010) hi tindrà alguna cosa a veure? Però una altra vegada les nostres idees preconcebudes ens van jugar una mala passada. Només va caldre temps i un escalfament general de l’ambient perquè els de Southend donessin tot el que la seva timidesa els va permetre. Ens era igual si el cantant no saltava cap al públic, o si el bateria no trencava les baquetes, o si el guitarra no l’estavellava contra el terra: volíem so, un so total, i el volíem ràpid. Per sort, a partir del hit ‘Can See Through You’, les coses es van començar a posar al seu lloc. La base electrònica – conduïda per un Tom Cowanamb aires de Kraftwerk  va deixar d’anar per lliure i es va integrar finalment, i amb ‘Sea Within a Sea’, perla del ‘Primary Colours’, els shoegazing van deixar de mirar el terra i van ser ells mateixos.

El resultat fou un so cada vegada més ple, amb més matisos, i uns temes d’estructura més difosa, amb fronteres diluïdes entre cançó i cançó. Més improvisació, més espontaneïtat, més sentits i menys cervell: en definitiva, tot el què esperem d’un grup que ja considerat com a post-modern. La final apoteòsica ‘Moving Further Away’ ens va reconciliar del tot amb la banda: el guitarrista, Joshua Hayward, ens va ensenyar maneres poc ortodoxes de tocar la guitarra, i Faris Badwan, l’afectat cantant, va mostrar tot el potencial d’aquella veu greu i apelfada. Un èpic final per un modest principi. Llàstima. Però vam marxar amb la sensació que allò tot just acabava de començar. El The Horrors no són d’aquells grups que, quan troben un estil amb el quales senten còmodes, s’aburgesen el segueixen fins al final; aquests nois continuaran madurant i evolucionant per aquest magma incert anomenatpost-modernitat. I no trigarem en comprovar-ho.

Text: Elisenda Lamana Garcia

Real Estate: lo mejor está por llegar

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Con algo de retraso sobre la hora prevista, Real Estate, es decir, Martín Courtney y los suyos salieron a defender su cancionero sobre el escenario de un KGB que presentaba una buena entrada de público. Hay que asumir que es difícil trasladar al directo un disco de producción tan cuidada como ‘Days’ así que, de entrada, se podía contar con que no se vería una mera reproducción del CD con cinco tipos moviéndose -poco- sobre el escenario. Y no lo fue: perdimos los coros y matices pero ganamos en concreción. Martin y Alex se esforzaban en vano, en un combate perdido de antemano contra los problemas de sonido que atenazaron todo el concierto, especialmente en los primeros temas, por transmitir las armonías vocales marca de la casa. Sin embargo, la fuerza del directo dotó de más cuerpo a unas canciones que se sostienen solas, pero que en estudio pecan de una languidez que se disipa en el directo.

¿Y qué ofrecen Real Estate a un público ahíto de decenas de bandas indies que ofrecen un sonido similar? Una impecable ejecución técnica y un puñado de canciones de factura clásica ancladas en el surf rock pero también en el indie-pop de los 80 de formaciones como Felt que situaban a la guitarra como elemento central de su propuesta. Si había alguna duda, el directo la disipó: Matthew Mondanile es capaz de sostener por sí mismo, aferrado a su guitarra, el cuerpo y el alma de todo un grupo. Impresionante el ejercicio de estilo y buen gusto que desgranó desde un segundo plano y siempre al servicio del colectivo, evitando lastrar las canciones o convertir el set en una exhibición vulgar de guitar-heroe. Sin duda, lo mejor de la noche.

El concierto, de una hora y cuarto escasa, fue de menos a más conforme se fueron alargando los desarrollos instrumentales y aclarando el sonido. Y el público se fue calentando con el grupo dejando la sensación en el aire, tras el único bis de la noche, de que se retiraron cuando mejor estaban. Habrá que estar atentos a la confirmación de próximas fechas de conciertos de Real Estate por estas tierras, todavía pueden darnos más de lo que ya nos han dado.

Texto: Iván Serrano

Fotos: Vanessa Mena

Delafé y Las Flores Azules, o lo que es lo mismo, Helena Miquel and Cia

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Cuando al que suscribe le mencionan este grupo, al instante le vienen a la mente tres cosas fundamentalmente: primero, las hipnóticas faldas que suele vestir Helena Miquel, segundo, las mañanas de domingo buscando tesoros en el monte, y tercero, el halo de buen rollo generalizado que han inyectado en las venas de todos los que les hemos seguido desde sus comienzos junto a Facto.

Y con esas tres premisas me planté en la Sala Mirror, decorada con la estética Dark Cowboy que le proporcionaba las Jack Daniel’s Sessions y que poco acompañaba a los tres grupos que actuaban esa noche, con el mismo deseo de la mayoría de los que allí coincidimos: bailar al compás de las rimas de Oscar y Helena esperando recordar esa gran premisa de que las pequeñas cosas que nos rodean son las que nos pueden hacer más felices.

Pero antes de la actuación de Delafé y las Flores Azules, hicieron acto de presencia Chinese Christmas Cards, que fueron como esos entrantes tan deliciosos de las cenas de navidad que hacen temblar al plato principal. Mario Gutiérrez y sobre todo un entregado Joan Sala, hicieron que no me diera para pensar en que era obligado tomarme un Gingerale con Jack Daniel’s para arrancar la noche.

Ya copa en mano, y con una velocidad propia de una salida de Formula 1, Helena y Oscar comenzaron a dar las primeras notas de “Rio por no llorar”. Y con esa misma velocidad, los ojos ansiosos del público asistente se centraron en la “falda campana con vuelos” de Helena que tanto ha llevado en este Final de Gira del grupo. El vuelo de la falda se movía con la gracia que nos tiene acostumbrados y con las tablas, no las de la falda, que en estos últimos años le ha dotado la ya no tan tímida Helena. Pero esto no es una crónica de la Valencia Fashion Week.

Y obviado ya por esa falda, recordé esos hongos maravillosos que son las trompetas de la muerte, que tanta profundidad pueden dar a un buen guiso de carne. Pero por más que buscaba en el escenario a esas trompetas (trombón más trompeta, en este caso) que le habían dado ese toque de potencia y alegría al LP, lo único que encontraba era unos champiñones que simplemente daban sabor a la noche. Pero esto no es la crónica de una velada gastronómica.

La actuación era plana, sin más.

Fue ya en la mitad del concierto cuando Delafé y las Flores azules se acordaron de porqué la gente suele ir a sus actuaciones. Sí, el buenrollismo exponencial que esperábamos nos metieran por el cuerpo. Y lo consiguieron con un inesperado “Éramos”. Y la gente les devolvió el detalle. Además ahí alguien encontró las trompetas de la muerte, las subieron el volumen y el ambiente cambió para bien.

A partir de ese momento, el bueno de Oscar, que ya se lo sabe (por eso estamos en el final de gira), le dio todo el protagonismo a Helena. Protagonismo que ya había cogido desde el momento en que sabíamos al Atlético goleado por el Madrid; comienzo del show. Y es que ese es un poco el sino de Delafé y las Flores Azules, un Oscar venido a menos y con pocas ganas de bailar y una Helena que alarga al máximo su eterna sonrisa y apoya su mano sobre la cadera cual cortesana en la casa del Rey esperando ser cortejada.

Y así es como Helena Miquel y Cia fueron ganándose al público, fueron recordando los temas del trío que más nos han llegado, fueron llenando a la gente de electricidad.

Entonces vi bailar a algunos, vi cantar a la Estrella Renata e incluso llegué a creérmelos un poquito.

Por lo demás, a Dj Niño apenas lo pude atender, ya que intuía que mi niño dj, al que había dejado a cargo de su abuela para poderme escapar esa noche, estuviese pinchando a esas horas en el Primavera Club.

Texto: Pedro Blázquez

Fotos: Delia Álvarez

Opeth: La herencia puesta en escena

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Otra vez se abren las salas del Apolo de Barcelona, para recibir a uno de los grandes dentro del género progresivo. Sería difícil encasillar ahora a Opeth y más con la nueva dirección que la banda sueca acaba de tomar y que la pone de manifiesto en su nuevo ‘Heritage’.

Teniendo en cuenta que Opeth es un grupo que nace de la escena del progressive Death-metal a muchos les habrá impactado (para bien o para mal) el nuevo cambio en su estilo. Si es que al igual que su “perla acústica” Damnation,  Opeth ha querido seguir por ese camino cn ‘Heritage’ y impregnar en su disco las diferentes influencias del progressive rock de los 70 y el Jazz. Todo eso con ausencia de guturales en el disco y tampoco en los escenarios, pero eso sí, preservando su estilo tan único, atmosférico, lleno de harmonías complejas y cambios de ritmo con la adaptación de estilos influenciados por: COMUS, Jan Johansson, Kim Crimson etc…

El Apolo estaba totalmente abarrotado de gente y sinceramente estar a quinta o cuarta fila era un privilegio sin igual. Había un público de lo más variopinto , puesto que este grupo es tan amplio en influencias musicales  que esa es la consecuencia de tan variada mezcla.

El concierto comenzó, como es habitual con el ‘Through Pains to Heaven’ de Popol Vuh, con su imnótica ambientación con los focos trazando entre la niebla artificial la sala.

Cabe destacar que en todo el concierto, el principal compositor/vocalista/guitarra  Mikael Akerfeldt  mantuvo unas voces perfectas en su interpretación , una impecable ejecución de fraseados en la guitarra y como siempre, muy bromista tal y como estamos acostumbrados y creando buen ambiente entre canción y canción.

El sonido era muy bueno, a excepciones puntuales de una mala ecualización de la guitarra acústica de Fredrik Akesson en algún que otro tema acústico como ‘I feel the dark’ que hacía perder un poco de brillo en las notas , pero el concierto estuvo a la altura de los más quisquillosos.

Tocaron un total de 12 temas,  incluyendo temas de discos antiguos como: ‘Creedence’ (‘My arms your hearse’) , ‘A fair judgement’ (‘Deliverance’), Closure (‘Damnation’), ”Hex Omega (‘Watershed’) y ‘Face of Melinda’ (‘Still life’) más las que nos propusieron de Heritage.
Pese que no hubieran guturales escogieron un setlist variado, con canciones muy metal para que hubiera un cierto equilibrio de estilos.

Aquí podéis ver y oír el setlist: http://www.setlist.fm/setlist/opeth/2011/sala-apolo-barcelona-spain-2bd1dc26.html

Agradecimos mucho el hecho de que tocaran ‘The Throat of Winter’  ya que es poco conocida  y está  cargada de atmósfera  y fuerza en su esencia acústica.

En definitiva  muy buen concierto , con mucha calidad y pese a los que se decepcionaron por no oír voces guturales. Desde  l’ ampli  sector “metal” , tenemos que decir que nos gustó mucho el concierto y que no nos esperábamos notar tan poco esa ausencia de gritos.

De los teloneros seremos breves. Pero quizás merezcan en otra ocasión un análisis a fondo de su música, porque si algo es cierto , es que no nos dejaron indiferentes con esa variación de Stoner metal, Folk, y un sinfín de registros vocales importantes de la mano de Daniel Gildenlöw  y Johan Hallgren, no obviando , claro está, al buen talento del resto de los músicos.

Texto: Eduard Moret

Fotos: Tatiana Moret

Pink Tones. The Spanish Pink Floyd Show

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¡Qúe grandes los grupos tributo! Aunque a veces menospreciados, cumplen una gran labor. Sobre todo para los más fans de la música, que no de un ídolo. Se puede disfrutar como un enano presenciando a unos falsos Kiss, Judas, Ozzy… que para el que los ve se convierten en los reales, vibrando a tope con los temas originales tocados en directo. Tienen muchas ventajas. Los puedes ver habitualmente en locales pequeños de tu ciudad, de cerca y sin grandes aglomeraciones. Recuperan temas que la banda original ya no toca, o quizás la banda ya no exista, o ya prácticamente no gire. En este caso el grupo es Pink Tones tributando a Pink Floyd.

Comenzaron puntuales en un Apolo bastante lleno pero sin estar estrujado, y por el que te podías mover más o menos cómodamente. Si no lo vendieron todo andarían cerca. Un público de todas las edades, grandes y pequeños en comunión, hacía que no me sintiera tan mayor como me pasa en otras ocasiones y pude comprobar que hay música que no caduca.

Me sorprendió gratamente el sonido al empezar, cuando arrancaron enérgicos bombo y bajo, bien de volumen, y además muy buen sonido, nítido, claro y en el cual todos los elementos se identificaban perfectamente. Muy cuidado. A parte, tgributar a Pink Floyd tiene complicación extra, por su gran colección de sonoridades y efectos a reproducir, y hay que decir que este grupo lo clava. Esos teclados con el sonido justo para cada tema, las guitarras con sus efectos, incluso la batería con los ‘toms’ para ‘Time’y unas coristas con buena voz. Se nota el curro que hay detrás para conseguir esos sonidos. Incluso las voces se parecen bastante. Puede que no tengan presupuesto para cantidad de parafernalia de luces y muñecotes (que también tienen) pero si que invierten en lo importante: los diferentes sintes, efectos y demás.

En cuanto a los temas, tocaron los grandes clásicos que aparecen en cualquier recopilatorio, pero también grandes temas no tan famosos y más complicados de escuchar. Temas épicos como ‘Echoes’ (con su larga duración) no quedó fuera, con ese resurgir en la última parte después de los “ruidicos de ballena” con esos platos sonando y esa guitarra repiqueteando y subiendo de intensidad. Para mí uno de los momentos subidón. Otro tema con mucho sonido estilo Pompeii, ‘Saucerful Of Secrets’, eso sí, recortando un poco de la psicodelia inicial. Y es que, pese a la duración del concierto de unas dos horas y media largas, que se hicieron cortas, muchos temas quedaron en el tintero para los más seguidores. Pero es que resulta imposible tocarlo todo al gusto de todos con tanto repertorio. Bueno, personalmente si hubieran incluido ‘One of These Days’ ya se me habría hcho muy completico el repertorio.

Los músicos sonaron muy bien, les gusta lo que hacen y se nota. No sé si me lo imagino, pero me pareció ver algunos momentos con alguna parte extra en algún tema que no recordaba del original, como si añadieran algo de su parte pero que quedaba como si lo hubieran añadido los Pink Floyd originales.

Hacia el final del concierto parece que cascó algo de la mesa, desajustando los volúmenes y anulando voces y alguna cosa más.  No sé si hicieron eso de apagar y volver a encender para arreglarlo o qué, pero seguro que algun técnico sudó la gota gorda. Después de unos breves minutos se disculparon por ese “corte de rollo” y volvieron a tope para acabar y volver a calentar el ambiente con el clásico final de ‘Run Like Hell’ y ‘Comfortably Numb’ con el famoso solo.

En definitiva, un imprescindible regalote para los fans. Por su parte, los no conocedores pueden hacer un gran descubrimiento o rallarse un poco porque en ocasiones este tipo de música no entra a la primera escucha.

Texto: Frosko

Fotos: Tatiana Moret

Joan Colomo en el Music Hall: cómo despegar con gracia y armonía

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Hay conciertos que pueden cambiar la hostilidad de un día gris por algo mucho más sanador. A Joan Colomo, al igual que a esos potentes líquidos limpiadores, hay que dejarlo actuar. Es así como arranca la mugre poco a poco, sin casi darse uno cuenta, incluso cuando se espera poca sorpresa por haberle visto demasiadas veces. El City Hall de Barcelona se transformó en un escenario íntimo donde mecer con humor el primer volumen de su Producto Interior Bruto (Bcore Disc 2011).

Fue después de un esperado estreno, The Waterparties es el nuevo proyecto de Carlos Leoz (Carloto de Halfoot Outside, que es lo mismo, hoy miembro imprescindible de Me & The Bees). Quien suscribe no llegó a tiempo, pero pudo cazar frases flotando en el intermedio como: “lo que hacía era…. sí… ¿experimental?”, o “era raro, como es él, ¿qué esperabas?”. Breves apuntes sacados tras preguntar: estaba él y sólo él sobre el escenario. No cantaba, no, tocaba la batería. También la guitarra eléctrica, y disparaba samples pregrabados con su pedal. Los muchos que nos quedamos con las ganas de verle no pudimos más que lamentar la extra-puntualidad de la cita.

Así que apareció Joan Colomo, tocado por la gracia de un disco lanzadera, el segundo en solitario, que le está llevando por caminos insospechados. Nada más que hay que ver cómo se ha abierto su abanico de público; más, hay que decirlo, que estando al frente de La Célula Durmiente o de los legendarios Zeidún. Eso de ser apto para todos los gustos es un buen indicativo de que las cosas están cambiando, aunque en el directo hay otro termómetro aún más claro: el de la pasión que le echa la gente al cantar al dedillo un tema tras otro.

Colomo está viviendo ese privilegio porque sabe conectar sin ponerse ningún tipo de disfraz posmoderno. También porque su inventiva sobresale y seduce. Siempre ha sido un diestro maestro de ceremonias de andar por casa, y parte de su chispa reside en las risas que desata enlazando anécdotas entre canciones. Acompañado por Dani Ferrán (batería) y los Surfing Sirles Guille Caballero (teclados/coros) y Xavi García (bajo, también en Zeidún), el frió ambiente de los primeros toques se fue caldeando con perlas como El Malestar o Els Destil.lats i La Constitució.

Lo del otro día fue un regalo para oídos y mentes curiosas. El esqueleto musical de títulos como Hort Mort o Magic, sus poco corrientes armonías vocales almibaradas y ácidas (Guillem ahí pone un plus muy grande), el paso inadvertido del castellano al catalán y viceversa, o la manera en que teatraliza las letras como un Albert Pla atrapado en lo mejor del pop de los sesenta, atraen la atención del oyente como un circo de emociones sobre el trapecio.

En ocasiones, Colomo ha podido pecar de no dejar disfrutar de sus canciones al completo con tanto salto frenético entre desplantes dicharacheros, coñas marineras e innumerables versiones macarras sacadas de la manga. Esta vez demostró que sabe dominar el ritmo de su espectáculo. Se marcó un interludio a solas, con su guitarra de palo y el pedal de loops, mientras la banda le miraba desde una esquina, al fondo, tan cómplice como el resto del público. Y en él fue hilvanando esbozos del que será el segundo volumen de su prolífico Producto Interior Bruto con la ilusión de un niño con zapatos nuevos. Explicaba así lo que sonaría, creciendo y creciendo, en un disco que saldrá a principios de año.

No sucederá pues lo que se propuso en un primer momento: sacar dos trabajos antes de que acabe 2011. Pero siendo honestos, tanto da. Podemos esperar. El Vol. Uno aún está crujiente, huele bien y suena a todo menos a viejo. Recuperó además momentos grandes de Contra Todo Pronóstico (Bcore Disc, 2009) como Un Comino o L’Ocell. Y bonito fue el rato en que Inés Martínez de Albornoz (pareja de Colomo en el presente cotidiano y en La Célula Durmiente) hizo los coros de Cada Día Más entre la muchedumbre. Volvió a salir la banda en una recta final de pirotecnia nada barata, contraria al título de su hit más hit, que acabó por dejar claro que allí se lo estaban pasando bien todos. Y con esas terminó el show, un show largo pero nada aburrido. Será que Colomo tiene muchas, muchas canciones buenas. O que derepente ya no era otoño y la mugre había desaparecido, sin más.

Texto: Carola Guerrero

Fotos: Sergi Moro

Fanfarlo: deconstrucció, eclecticisme i xoriço

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“He sentit quatre o cinc cançons de Fanfarlo i, a l’igual que alguns dels meus músics favorits, tenen aquest do especial que els capacita per crear música inspiradora que al mateix temps transmeti una deliciosa malenconia.”

Simon Balthazar, veu i compositor de Fanfarlo, malgrat agrair els compliments de David Bowie, no creu que les seves cançons siguin melancòliques. Ell, bàsicament, pretén impregnar de foscor i lirisme les seves lletres i melodies. Una foscor que, segons explica, cal cercar en els seus orígens, en el fred de la seva Gothenburg natal (Suècia), un entorn que el conformà com a persona i com a músic.

És potser per aquest motiu que en el seu darrer concert a Barcelona (Sala Bikini, 16/10/2011) ell i la seva banda s’esforçaren en refer, més que notablement, la sonoritat dels temes més coneguts, adaptant-la a la que, segons sembla, tindrà el seu futur treball. Si escolteu els dos avançaments (Replicate i De.con.struc.tion) sabreu de què estem parlant: temes perfectament executats, nets i polits (i alhora lluny de caure en una avorrida asèpsia interpretativa) que sense perdre la lírica ‘vuitantegen’ arran d’una major presència dels teclats i un ús menys barroc de la corda.

Efectivament el resultat és menys càlid però no per això de menor qualitat. Durant el seu directe Balthazar, Cathy Lucas i Leon Beckenham van fer gala d’un virtuosisme renaixentista tocant amb precisió, cada qual, diferents instruments (sense menystenir la feina de Justin Finch i Amos Memon, baix i bateria respectivament). Així, per exemple, vam poder escoltar sintetitzadors a una cançó tant acústica com Comets, o una marimba a Ghosts (que a Reservoir ja hi és però passa desapercebuda), ‘remixes’ en viu fets pels propis autors. Qui millor per versionar-te que tu mateix?

Després de fer un repàs exhaustiu a la seva (fins el moment) breu obra discogràfica la formació britànica es va acomiadar “amenaçant” de tornar aviat. Seran benvinguts.

Conclusió: Els membres de L’ampli que vam assistir al concert creiem de forma unànime que l’adjectiu ‘eclèctic’, utilitzat sovint per denominar els Fanfarlo, serveix de perfecte comodí per a qualificar bandes inclassificables com aquesta.

Entre el públic van poder veure alguna cara coneguda del panorama musical nacional, com la del David Carabén (Mishima) i olorar alguna de les fragàncies gastronòmiques més famoses de la nostra geografia, com l’entrepà de xoriço que de ben segur es va cruspir el col·lega que tenia al costat i que, malauradament, corejava totes les cançons. Això últim, però, no va deslluir ni per un instant un concert que va sonar molt bé en tots els sentits.

Text: Alex Reuss

Fotos: Tatiana Moret

Un dels grans “stage names” del moment, Okkervil River al Coliseum.

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Arribo amb les darreres cançons de “A Classic Education”, la banda indie-pop de Bolònia (Itàlia), que acompanya els Okkervil River en la seva gira Europea. Ens oferereix un so càlid, net, ben conjuntat, i amb diferents influències . Els escoltes i et preguntes a què sonen, i et vénen al cap: Joy Division, The Beach Boys, Okkervil River… poques connexions entre ells… potser això avala un estil propi. La curiositat estètica: una pantera negra de porcellana (amb foulard) a primera línia, acompanyant al cantant.

Una pausa ens dóna temps per fer una visita al merchandising i advertir que el públic assistent no omple un terç de l’aforament; Okkervil River no té el reconeixement comercial que es mereix, com els Wilco per exemple, però sens dubte val més que els 25 euros de l’entrada.

I acabada la pausa ens preparem per escoltar el folk-rock dels d’Austin. La sortida a escenari de Will Sheff recorda a Jarvis Cocker, la força, els gestos, la desinhibició, l’energia… l’acompanya una formació pràcticament nova respecte a la que vaig veure al Primavera Sound 2008. Destaca la Lauren Gurgiolo a la guitarra elèctrica, que interpreta amb elegància cada nota, cada acord, evocant seducció i dansa en cada un dels seus moviments compassats amb la música. La bateria sona enèrgica i Travis Nelsen sembla entusiasmar-se especialment en cançons com “Rider” i “Wake and be fine” del nou “I am very far”. Als teclats un Justin Shurburn intermitent, dosificant energies per als moments més intensos.  Més sobri  Peter Pestorius  al baix i concentrant-se en els coros. I Scott Bracket sorprèn en cada cançó amb un nou instrument d’acompanyament,  des d’unes maraques a un trombó de bares de color verd.

Okkervil River ho donen tot des de la primera cançó, sonen èpics, molt més contundents que en el so d’estudi. En alguns moments s’ajunten fins a tres guitarres més el baix, i no per això es perden les melodies, ben al contrari; la veu d’en Will sona nostàlgica, dramàtica, romàntica, i es fa protagonista indiscutible a l’escenari; és ell que ens connecta amb la melangia que tots portem  ben endins. M’emociona, m’arriba, sento la seva energia i veig al públic contingut (encara assegut). Al meu costat un espectador explota de tant en tant amb un crit, com si la sobrietat del teatre l’obligués a contenir l’eufòria fins al final de cada cançó, l’entenc, sento el mateix, crec que a tots ens passa…

I arriba el primer gran hit del “Stage names”, “Our life is not a movie, or maybe” i ens esperonen… i tothom dret cantant la lletra-poesia rimada del Will Sheff. I després de l’èxtasi arribaria la catarsi amb un solitari Will Sheff a l’escenari, guitarra acústica en mà. I sents aquell plaer inconfessable per la tristesa…  i és igual, tant se val si entens o no entens la lletra de la cançó, la veu de Will Sheff et connecta amb la teva pròpia història.

El concert acaba com l’enèssima demostració de força i entrega amb “Unless It’s Kicks”. Ho han donat tot, i en un teatre; a diferència d’una sala de concerts, el resultat es multiplica.

I tothom satisfet per la màgia despresa, perquè sabien que era el moment de no estalviar energies, com si el món realment s’hagués d’acabar aquella nit. No sé si tornaran a fer un disc com l’”Stage Names”, molt millor que “The Stand Ins” o “I am very far”, però veure els Okkervil River al Coliseum va fer que qualsevol de les cançons… sonessin com un hit.

Text: David Camarasa

Fotos:  Santi Comelles

Eliane Elias en el 43 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona. Entre la sofisticación y la calidez

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Eran casi las nueve de la noche y caía tremendo aguacero en la Gran Vía barcelonesa. Apurando los últimos minutos antes de entrar al majestuoso Teatre Coliseum, ví como delante del recinto aparcó un coche negro con los cristales tintados justo delante de toda la muchedumbre que esperaba ansiosa el espectáculo musical. Y del coche salieron ellos, Eliane y Marc, los grandes protagonistas de la velada, con aires aristocráticos, como si de una pareja de la jet-set se tratase, esperando a que algún subordinado les acercase un paraguas para no mojarse en el metro de distancia que separaba el coche del hall del teatro. Ella vestía una gabardina negra, gafas de sol, un elegante vestido de noche y caminaba con actitud altiva y elegante. Él, con jersey oscuro de lana de cuello alto, pinta de ejecutivo snob y una mirada gélida a lo Cristopher Walken, no despertaba muchas más simpatías. No parecía la mejor carta de presentación para un concierto, que en el peor de los casos debía mover un poquito las entrañas.
La puesta en escena de la banda, en formato cuarteto de guitarra clásica, batería, contrabajo y piano fue predecible, sin florituras. En cuanto sonaron las primeras notas del piano de la mano de Eliane, -con su fraseo de improvisación tan energético y elegante- percibí como esa mujer fría y distante de la entrada irradiaba otro tipo de energía. Como si de una metamorfosis se tratara, encima del escenario, descalza, danzante, moviendo sus hombros al son de la armonía, Eliane había dejado de ser la chica sofisticada neoyorkina de adopción para sacar el alma de garota Brasilera que lleva dentro.
Y vamos que si lo sacó, además sabe como hacerlo y de quién rodearse. El segundo tema de la noche, el clásico ‘Chega de saudade’ del maestro João Gilberto, empezó con una sutil introducción y un homenaje a los grandes compositores de Brasil, a guitarra y voz, evocando el más genuino sonido de la música carioca, para irrumpir con una vigorosa improvisación a piano que comenzaba con ritmos Bossa nova, para finalizar a ritmo “walking” mas jazzero. Una transición perfecta en la que el exquisito Marc Johnson al contrabajo y el no falto de recursos Rafael Barata a la batería, consiguieron dar el peso y la seguridad de una robusta y compacta base rítmica, a la altura de lo que la diva de São Paulo se merece. Curioso fue el protagonismo que se le otorgó al joven Barata, con constantes diálogos improvisados de piano a batería y varios meritorios solos, en los que mostraba su capacidad técnica y conocimiento del estilo.
Clásico tras clásico, Eliane nos fue presentado su nuevo disco ‘Light My fire’, dando mayor consideración al cancionero brasileño, haciendo un repaso a grandes canciones de compositores como Gilberto Gil, Jobim o Ary Barroso y regalándonos joyas como ‘Bananeira’ o ‘Rosa Morena’, con los que abre el nuevo álbum. Casi sin darnos cuenta, y como si de una sesión de hipnosis se tratara, consiguió trasportarnos a un paisaje único que mezclaba la sofisticación de un cóctel en un ático en Manhattan con el deleite de una caipirinha al atardecer en cualquier playa de Río de Janeiro. Precisamente, esa combinación de elegancia propia del jazz norteamericano y la música de raíz brasileña tan bien entendida -que en su día dio a la luz estilos como la Bossa nova- es lo que mejor define a Eliane Elias como músico.
Y entre ovaciones, con más de la mitad del auditorio en pie, esta gigante del jazz aún se atrevió a regalarnos una desfigurada ‘Garota de Ipanema’, en el que otra vez Marc Johnson demostró porqué es uno de los contrabajistas más solicitados y polivalentes del panorama jazzístico actual, con un solo a arco que logró poner los pelos de punta a toda la audiencia.
En definitiva, si algo me ha quedado claro después de ver a Eliane en directo, es que nunca compondrá como Jobim, ni tendrá la voz de Elis Regina, pero pocos músicos arreglan e interpretan canciones de música brasileña tal y como lo hace ella, en un más que excelente ejercicio de estilo.
Texto: Alex Pérez
Fotos: Tatiana Moret

Primera edició del Faraday tardor: l’adéu brillant d’Astrud, la profunditat d’en Nacho Vegas i les lliçons del mestre Sisa

in A PRIMERA FILA

Vam canviar la brutal tempesta que va descarregar a Vilanova i la Geltrú per la pluja fina d’Anímic, primera actuació al confortable auditori Eudard Toldrà, al marc de la primera edició del Faraday tardor. Encara bastant buit de gent, els Anímic, liderats per en Ferran Palau i la Louise Sansom, tocaren bàsicament els temes del nou “Hannah”, amb incursions als anteriors “Himalaya” o “Hau o Hiu”

La música d’Anímic va servir per eixugar-nos còmodament, amb un estil que podríem anomenar folk progressiu trobadoresc. I és que efectivament, semblen l’actualització dels “Esquirols” al segle XXI, demostrant un gran amor per la natura, la muntanya i els animals. Aquest amor el van acabar de demostrar amb el tema “L’hospital dels animals”, on imitaven el so de diferents animals, entre ells un porc: tota una declaració d’intencions.  No se si viure a Collbató implica un allunyament excessiu de la civilització (la Louise Sansom feina 15 anys que no passava per la perruqueria, ens va dir) però és clar que Anímic són un grup que a vegades semblen sortits d’una vall del Prepirineu amb problemes de despoblació, dit sense desmerèixer  a ningú.

Dit això i musicalment parlant destacaria dels temes que van tocar el “Blue eyed tree”, molt potent en directe i especialment el tema “Boirina”, que amb rerafons de percussió tribal, m’atreviria a dir que ha de marcar les tendències del grup en un futur (per un moment em van semblar “The Dodos”) També molt bon final amb la cançó “Taüt”. Tots les cançons citades són del “Hannah”, el darrer disc.

Després d’Anímic va arribar l’ultra positiu Pau Vallvé, amb els seus missatges esperançadors pel món. Confirmant el seu optimisme, en Pau es va deixar anar i ens va dir que quan va escriure les lletres del seu disc com “Estanislau Verdet”, totes contenien la mateixa conclusió: “tot és una puta merda”. En Pau va repartir especialment contra la crítica, dient per exemple que als seus amics poetes se’ls valora per portar restaurants, que a ell se’l valora  per les seves lletres i no per la seva música, i que en canvi es lloa a molt músics que no valen tant. I també que seguia enfadat amb el món “però no tant”. Menys mal.

Pel que fa al concert, en la seva línia: boníssim. Acompanyat per Maria Coma (teclat), Jordi Casadessús (baix) i en Nico Roig (guitarra i tornavís. Repeteixo, el Nico Roig va tocar la guitarra amb un tornavís: al·lucinant), van combinar temes del darrer disc del Pau “2010”, amb incursions a Ü_ma i Estanislau Verdet, com és habitual. Mestratge amb el looper amb la formidable “Vacances” o “Un finlandés al Congo”.

I després va venir en Jaume Sisa, al qual no havia vist mai en concert. Es va presentar amb una guitarra, una cadira i res més. Es va posar a tocar i contar histories i per un moment vaig patir. Quan al segon tema es va aixecar de la cadira, va començar a fer sons amb la boca i els peus per acompanyar les cançons, vaig pensar que estava veient la reencarnació d’en “Bernardo”.  Però em vaig equivocar.

Jaume Sisa és un brutal comunicador. Sense recursos tecnològics ni altra parafernàlia, va ser capaç d’absorbir totalment l’atenció de l’auditori, ja quasi ple, explicant histories de barri (d’un personatge pretesament imaginari, però clarament autobiogràfic) i cantant temes amb aquest to característic, en el qual allarga les vocals i utilitza la veu com instrument, resultant una mescla entre el Pau Riba i el Lou Reed.

Traca final amb “El setè cel”, “Qualsevol nit pot sortir el sol”, i últim genial tema d’acomiadament que ens va fer riure a tots. I és que el vell Sisa va donar una lliçó als joves: el talent és important, però saber-lo comunicar ho és el doble. Que n’aprenguin.

El dissabte vam començar a les 18 h. amb The Marzipan Man. El grup tenia el repte difícil de portar al directe el seu notable darrer disc “Adventures”. El repte no era fàcil perquè es tracta d’un disc ple de matisos i arranjaments, llargament elaborat. Tant és així, que enlloc del pop oníric ambientat en contes infantils del disc, el directe va resultar un concert més sorollós, a vegades fins i tot tendent a un estil post-punk. En temes com “Life goes on”, reconeixíem més l’estil de cambra de l’home massapà, però en d’altres com “When little Johanna dance”, vèiem més el massapà cridaner, o bé el massapà joiós, també podríem dir. En tot cas, un concert que, presidit per l’especial veu de The Marzipan Man, no va deixar indiferent a la poca gent que en aquell moment hi havia a l’auditori.

Després van venir els 4t 1a, liderats per en Pere Jou, l’home de les reverències. Un estil folk-pop molt fi i perfectament executat que no provocarà que t’aixequis de la butaca, sinó que et relaxis en ella. “No som l’alegria de la huerta”, va dir. “Ens contracten a discoteques però no hi anem pels horaris”, feia broma mentre cantava amb precisió els temes del seu primer disc “El món en un cafè”.

La veritat és que en una època on els cançoners dels Agrupaments Escoltes necessiten una urgent renovació, no aniria malament fer-ne de nous posant de dalt a baix totes les cançons 4t 1a, ideals per anar d’excursió i fer un foc de camp (I que no faltin els Anímic).

El següent en entrar, ja amb l’auditori pràcticament ple, va ser un dels artistes més esperats del festival: en Nacho Vegas.  Amb els cabells tapant-li la cara i un caminar quasi espectral, l’artista va fer un recital de profunditat i emoció, cantant amb la seva veu penetrant temes del seu darrer disc “La Zona Sucia”, com ara “Cuando te canses de mi”, o “Cosas que no hay que contar”, i combinant-los amb temes més clàssics seus, com “Que te vaya bien Miss Carrusel”, excelentment acompanyat a la guitarra per Xel Pereda, o bé “Ocho y Medio”, amb el qual va tancar el concert, un dels més aplaudits del festival.  Destacar també al teclat i l’acordió l’habitual Abraham Boba, que va complir amb nota.

En Nacho Vegas va recordar que va actuar en la primera edició del Faraday d’estiu l’any 2004, i que ara ho feia en la primera edició del Faraday tardor. Va agrair que el festival no s’hagi massificat, i que per tal de veure bona música “no haya que estar al lado de un bafle encima de un pedregal”. Molt gràfic.

I per últim vem tenir els Astrud i el col·lectiu Brossa. Fidel a si mateix en Genís Segarra va entrar amb mitjes i sabates de tacó, i el primer que va dir és que a l’entrada de l’escenari hi havia un cartell que deia “prohibido entrar”, però que ells “habían entrado” igualment.

Un concert alegre i trist. Alegre perquè Astrud són Astrud i trist perquè era l’últim que ens ofereix el grup, atès que en Manolo Martínez, el cantant, se’n va a viure dos anys a Nova York, deixant en suspens el grup. No se si va ser la relaxació de saber que és el final o les ganes de fer-ho bé, però la veritat és que el concert resultant va ser genial.  En Genís, divertit, fent de mestre de cerimònies, presentant els membres del grup amb les seves ocurrències i en Manolo, ballant, movent-se, amb una soltura absoluta, encomanant el bon rotllo que emana aquest grup. I el Col·lectiu Brossa, donant un embolcall clàssic als temes pop del grup, entre l’avanguarda i el cabaret.

El repertori va ser l’habitual, destacant “La páliza”, “Lo popular”, “El Vertedero de Sao Paulo”, i amb final consecutiu de hits amb “Todo nos parece una mierda”, “Io voglio vederti danzare”, o “Hay un hombre en España”, clàssics per acomiadar, tot l’auditori dempeus, un grup de referència del pop espanyol. Un fabulós final del Faraday tardor.

Text: Albert Gasch

Fotos: Sergi Moro i Tatiana Moret

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